Reformar una casa para venderla. La inversión de Javier

10/10/2018

Javier y Ángela se conocieron cuando eran muy jóvenes, fueron novios en el instituto pero la vida les hizo separar sus caminos unos años más tarde. Javier heredó un piso de sus padres, empezó a trabajar de profesor en el instituto de su barrio y creó una vida en la que los amigos y los buenos ratos en familia eran lo primero. Ángela decidió viajar y estudiar inglés, vivió varios años en Inglaterra y una temporada en Australia, volvía pocas veces al año a casa de sus padres y cuando lo hacía eran siempre viajes express.

Pero hace ahora un par de años, Ángela se puso melancólica y en vez de pasar la navidad viajando a lugares exóticos como a ella le gustaba hacer en esas fechas, decidió pasar sus dos semanas de vacaciones en casa. Pasó la nochebuena en familia, con sus padres, su hermana, su sobrino y sus abuelas, le pareció una gozada volver a sentirse tan arropada y se arrepintió de no haberlo hecho antes. En nochevieja decidió salir con sus viejas amigas de toda la vida, mantenía el contacto con ellas y habían ido a visitarla varias veces a Inglaterra, eran su conexión con sus raíces, con su vida de siempre y le encantaba. Decidieron hacer un plan tranquilo, cenar un menú (nada barato) en un restaurante cerca de casa y quedarse en el pub del barrio, para que el reencuentro de su yo del pasado fuera total. Y allí sucedió, Javier y Ángela se vieron después de muchos años y aunque cada uno había hecho su vida y había sido feliz, al verse sintieron esa conexión especial que ya no quisieron romper.

Después de esa noche, quedaron varias veces hasta que Ángela tuvo que volver a Barcelona, ciudad en la que vivía y trabajaba hacía ya un tiempo. La separación fue dura pero quedaron en verse al menos una vez al mes y mantener una relación a distancia. Así estuvieron un año pero finalmente se dieron cuenta de que si querían que lo suyo tuviera futuro debían cambiar de planes y estar juntos, de verdad, en la misma ciudad.

Así que tras mucho deliberar, fue Javier el que decidió vender el piso de sus padres, pedir plaza en un instituto en Barcelona y marcharse con Ángela.

Reformar para vender

Costó un poco y no fue un proceso fácil, sobre todo en cuanto a la venta de la casa. El piso de sus padres estaba genial y para Javier tenía un valor sentimental especial; ahí se crió hasta que cumplió 15 años y sus padres se mudaron al adosado cerca de la playa. Sin embargo, para una persona sin ese apego personal al inmueble, estaba un poco desactualizado y, sobre todo, el baño y la cocina necesitaban una reforma.

Después de varios meses en diferentes portales inmobiliarios sin éxito, Javier decidió pedir la ayuda de profesionales y acudir a una inmobiliaria. En cuanto vió el piso, Juan, su asesor inmobiliario, le aconsejó invertir un poco de dinero en reformar el baño y cambiar algún detalle de la cocina para hacerle un lavado de cara.

Javier tenía algo de dinero ahorrado, así que decidió hacerle caso e hizo una pequeña reforma en el baño; algo sencillo, simplemente para modernizarlo. Además, cambió la mesa  y las sillas de la cocina y renovó el horno y las puertas de los armarios.

La inversión no fue demasiado alta y, según Juan, había aumentado mucho el valor de la vivienda. Y puede que tuviera razón, porque en un par de meses tuvo a dos parejas interesadas. Consiguió un buen precio por la casa y tuvo que irse hasta que finalizara el curso a casa de sus padres, cosa a la que quiso resistirse pero no pudo alargar más la venta. En junio de ese mismo año se fue a Barcelona con Ángela, viven en un piso alquilado en el centro y vuelven a Castellón cada navidad para pasar las fiestas en familia.

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