Durante mucho tiempo, la accesibilidad se trató como una necesidad exclusiva de las personas mayores o con discapacidad. Hoy el mercado comienza a entenderla de otra manera: una vivienda accesible es una vivienda más cómoda para casi todos.
El envejecimiento de la población refuerza esta tendencia. Según las nuevas proyecciones del INE, las personas de 65 años o más representan actualmente el 21,1% de la población española, y ese porcentaje podría alcanzar un máximo del 30,9% en las próximas décadas si se mantienen las tendencias demográficas.
Pero la accesibilidad también beneficia a familias con carritos infantiles, personas que sufren una lesión temporal, compradores que planifican vivir muchos años en la misma casa o propietarios que desean ampliar el número de posibles interesados.
En un edificio de Castellón, disponer de ascensor a cota cero puede marcar una diferencia considerable frente a otro donde hay que subir varios escalones antes de alcanzarlo. En el interior, una ducha accesible, puertas suficientemente anchas o una distribución con buena circulación pueden hacer que la vivienda resulte atractiva durante más etapas de la vida.
No siempre es necesario realizar una adaptación completa. A veces basta con identificar barreras y explicar las posibilidades reales de mejora.
Anunciar una vivienda como accesible sin comprobar el recorrido completo, olvidar el acceso al garaje o confundir tener ascensor con disponer de accesibilidad real.
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