Vivir en Peñíscola: naturaleza e historia junto al Parque Natural Sierra de Irta

23/08/2016

Las estrechas y empinadas calles de Peñíscola esconden siglos de historia que dotan a esta ciudad castellonense de un encanto especial.

Puestos de artesanía, restaurantes con mesas de madera inclinadas en sus escaleras de piedra y comercios llenos de cerámica multicolor son sus señas de identidad.

Con tan solo 79 km2 de superficie y a escasos 46 metros de altitud sobre el mar, el entorno en el que se enmarca esta ciudad costera es único y acogedor. Coronada por el Castillo templario del Papa Benedicto XII, o Papa Luna como se le conoce en la ciudad, Peñíscola evidencia su legado medieval y musulmán que la han convertido en uno de los conjuntos históricos más apreciados de la Comunidad Valenciana.

Vivir en Peñíscola es participar de su historia y sentir la proximidad del mar, sin perder el dinamismo de una ciudad viva y enérgica. En JBMinmobiliaria en Peñíscola especializada en la venta de viviendas conocemos hasta el último rincón de la población y el entorno natural que la rodea, el parque natural Sierra de Irta, un lugar excepcional para echar raíces que queremos que conozcas a fondo.

Naturaleza mediterránea en toda su esencia

Paralelos a la costa, son 15 los kilómetros de montañas que configuran un paisaje plagado de acantilados, calas, cornisas y arrecifes marinos que unen Peñíscola con Alcossebre por caminos de tierra.

El Parque Natural Sierra de Irta es un lugar privilegiado que vive ajeno a la modernidad actual. Se trata del único tramo del litoral mediterráneo que no ha sido edificado, desde Francia hasta Almería, por lo que conserva toda su esencia y sus tesoros originales intactos: la naturaleza se vive tal y como es.

El olor a romero, olivo y algarrobo predominan en toda su extensión y se funden con el aroma a sal que proviene del mar. Encontramos dunas y el agua cristalina en las genuinas playas de la zona, entre las que destacan la playa de arena fina del Pebret y las playas rocosas de Punta de Mabre.

Mar y montaña se dan la mano en un paraje natural con carácter y vida propia, que encierra misterios de épocas pasadas de los que es testigo su rico patrimonio artístico, protagonizado por numerosas torres de vigía, como la Torre Badum, cerca de Peñíscola, y ermitas como la de Ermita de Santa Lucía, desde la que es posible disfrutar de una panorámica de Alcocebre excepcional.

La historia de una ciudad romana, musulmana y templaria

Peñíscola es una ciudad de origen medieval que a principios del siglo IX fue conquistada por los musulmanes y cuatro siglos más tarde reconquistada por los cristianos, guiados por los caballeros templarios.

Muestra de esta historia es el Castillo de Peñíscola, que corona su espigón, una edificación templaria construida sobre los restos de una antigua alcazaba musulmana y alrededor de la que posteriormente se levantó una muralla.

La Iglesia de Santa María de Peñíscola, de influencia romántica y gótica, la ermita de la virgen de la ermita, edificada en el siglo XVIII, la casa de las conchas y el faro de Peñíscola son algunos de los monumentos que proveen a esta ciudad de personalidad.

La influencia que ejerce el mar sobre la ciudad se hace evidente en el Bufador, una brecha entre las rocas, en una de sus calles más elevadas, por las que respira el mar en los días de temporal.

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